Ensayos y artículos sobre salud mental y psiquiatría, que reflejan los intereses profesionales y la opinión del Dr. Álvaro G. Requena, Médico Psiquiatra

lunes, marzo 07, 2011

Psiquiatría y las artes escénicas

(Ensayo escrito en mayo de 1997 para ser publicado bajo el título: "Psiquiatría y las artes escénicas." En el libro El arte de la medicina en el arte. Capítulo 6. Editor: Federico Fernández Palazzi. Editorial ATEPROCA C.A. 2003. Caracas, Venezuela.)

“Ningún gran artista ve las cosas tal como son en realidad.
Si las viese así, dejaría de ser un artista.”
Oscar Wilde.


Esta frase aguda y crítica de Wilde (11), describe bien lo que es la esencia del artista en cuanto a su percepción del mundo y su voluntad de vivir. No se trata de que el artista por definición tenga una percepción alterada y enferma del mundo. No, la descripción de Wilde implica un ángulo de visión, un lado, una coloración, una interpretación o una vivencia diferente y un deseo irresistible de llevar esa apreciación a sus semejantes, no de convencerlos o someterlos a sus percepciones, no, solamente de representárselas, de mostrárselas, de vivirlas ante él; con la probable intención, por supuesto, de que el espectador, tan sólo por ese instante, sea como él, vea las cosas como él, disfrute o padezca como él. No es un problema de quién tiene la razón o la percepción más real o cercana a la realidad. Es, simplemente, un compartir con los demás esa forma de percibir tan humana y tan vivida, pero tan diferente. A decir de otro gran dramaturgo, Jean Anouilh (2): “La vida es muy buena, pero le falta forma. La meta del arte es darle alguna.”

Así pues, partiendo de estas condiciones descriptivas del artista y del arte, del creador y del ejecutante, centrándonos en las artes escénicas, tendremos que aceptar para nuestro tema, que los artistas, seres humanos iguales a los demás, son personas que aprecian las realidades de la vida con una coloración intelectual y afectiva distinta a la de los demás, y sienten, como decíamos antes, la necesidad de mostrar su vivencia.

Tenemos que añadir que disfrutan y se enriquecen del reconocimiento de los demás, y que la expresión de su arte exige el más alto nivel de experticia. De ahí la necesidad del aplauso y de la práctica incesante y agotadora.

Los artistas en general y los ejecutantes en especial, ocupan un lugar muy prominente y vulnerable en la sociedad, enriqueciendo nues¬tras vidas con bellas y originales actuaciones, siendo objeto de enorme demanda pública y motivo de reverencia, cuando no idolatría (7).

Es obvio, que las personas con ese tipo de sensibilidades o percepciones especiales, no son frecuentes. Eso explica por qué hay siempre nuevos artistas jóvenes y por qué hay, cada vez más, nuevos artistas maduros e incluso viejos, pero pocos nuevos ar¬tistas entremedio. En el primer caso por lo innato, para algunos, de sus habilidades y en el segundo caso, por haberse deslastrado a través de los años, de patrones rígidos y sin brillantez de formas aperceptivas, así como de falsas y reticentes vergüenzas. La edad, entre otras cosas, libera al hombre de condicionamientos socioculturales limitantes y estimula su pensamiento y la manifestación de sus afectos. En este sentido, cabe citar los estu¬dios sobre creatividad y desarrollo artístico de Grotjahn (5), quien habla de la “disminución de la resistencia y el au¬mento de la introspección en la edad madura”, y los de Maduro (6), quien describe a los artistas creativos como “más abiertos” a “los ava¬tares del caos interno y la intuición pura y a la concepción, con el envejecimiento”.

No es extraño oír del artista que era bueno en su juventud y extraordinario y creativo en su vejez.

Siguiendo con el tema propuesto por Wilde, tenemos que llegar a la conclusión, de que si a los artistas les lleváramos a ver las cosas como realmente son, no tendríamos arte en ninguna forma, sino una suerte de reporterismo pragmático, absolutamente frío, distante, aislado, concreto.

Quizás podamos ya extractar una primera conclusión de lo dicho hasta ahora: ser artista implica al menos, ser una persona con afectividad grande, capaz de emoción, de sentimientos de variada calidad y fuerte intensidad. Debe ser casi imposible ser artista si no se tiene afecto.

Por supuesto que aquellas personas que presentan afectos intensos y variados al extremo de lo patológico, a quienes llamamos enfermos afectivos, tendrán afinidades por las artes. ¿O será que los artistas cuando enferman tenderán más a hacerlo como enfermos afectivos, es decir, psicosis afectivas: depresión, distimia depresiva, enfermedad maníaco-depresiva o bipolar o enfermedad esquizoafectiva?

Pues sí, muchos estudios han demostrado que entre los artistas la frecuencia de enfermedades afectivas es grande y que estas enfermedades, que además son hereditarias en muchos casos, se observan en el grupo familiar, tanto como se observan miembros de la misma familia que son tambien artistas. Esto es particularmente notorio entre los escritores y algunas familias de actores (8).

No siempre las enfermedades afectivas se muestran como estados de tristeza, delirio y alucinaciones o de exitación maníaca, otras veces se aprecian sólo signos externos, en apariencia no relacionados, pero que hoy día conocemos de su comórbida relación con la enfermedad de base, tales son el alcoholismo, la adicción a medicamentos psicotrópicos y a drogas de abuso.

Por supuesto que esta situación no es desconocida para las autori¬dades sanitarias de algunos países, como los Estados Unidos de Norteamérica, donde, en esta última década, se han visto apa¬recer progra¬mas de ayuda y asistencia sanitaria para muchos tipos de poblaciones en riesgo, y entre ellas la de los artistas de la escena: músicos, cantantes, actores y bailarines. Teniendo estos programas como meta principal el ayudar a estas personas a enfrentar adecuadamente el estrés tan particular que se genera en sus tan especializadas ocupacio¬nes.

Entre estas fuentes permanentes y generales de estrés encontramos en primer lugar, el estudio y el entrenamiento, que para algunos artistas dotados de enorme talento y para otros más tesoneros y decididos que talentosos, puede resultar en aislamiento y descuido de sus personas, sobre todo en aquellos casos en que tal cosa sucede en la niñez o la adolescencia temprana, cuando la educación escolar y la socialización con su mismo grupo de edad, es necesaria y puede en virtud de la disciplina e intensidad del entrenamiento artístico, ser dejada de lado. Muy serio puede ser, también, el abuso y consecuente lesión de ciertas partes corporales.

En segundo término, está la competitividad, tanto en concursos oficiales y privados, como personal. La competitividad puede, en razón de su intensidad y apasionamiento, generar o reforzar rivalidades y también el miedo al fallo o al fracaso.

Como tercer factor de estrés, encontramos a la variabilidad de los gustos e intereses del público y de los críticos, siempre cambiantes y exigentes. Ellos puede hacer de los artistas víctimas dolorosas de la moda y las costumbres, cuando no de la veleidad y el capricho.

En cuarto lugar, consideraremos la ansiedad de expectación o anti¬cipatoria, a la cual se encuentran los artistas sometidos con fre¬cuencia. Esta ansiedad de expectación tambien puede reclamar su parcela de malestar, al igual que la exitación por la actuación.

Estrés, es la palabra que generalmente utilizamos para definir la presión que impone a nuestro organismo atravesar por las circunstancias antes mencionadas y otras, cuya característica principal es que alteran más o menos súbitamente nuestro modo de vivir, tanto para bien como para mal. Tanto monta perder un millón como ganarlo. Tanta presión puede imponer al individuo vivir y mantenerse en la cresta de la ola del éxito, como hacerlo en la profundidad de la incertidumbre y las carencias. Aunque, cierta¬mente, la paz puede alcanzarse en am¬bas posiciones.

Nuestra respuesta orgánica ante el estrés puede ser desde un dolor de cabeza, asma, úlceras duodenales, hipertensión arterial, picazón, caída del cabello, hasta una tendencia aumentada a sufrir accidentes o iniciar o agravar enfermedades inmunológicas. Nuestra respuesta psíquica puede ser desde la ansiedad, el miedo o la tristeza y el desánimo, hasta la depresión, el aislamiento, la desesperanza o el desorden del pensamiento y la ausencia o abundancia de ideas y emocio¬nes.

En pocas actividades puede ser tan importante como lo es en las artes escénicas, la mezcla de individuos afectos a la disciplina, el orden, la organización, la estructuración y la puntualidad, con aquellos otros, que tambien llenos de energía desbordante y entusiasmo, luchan por el aprecio y búsqueda de nuevos retos, hacen gala de la aplicación de soluciones creativas y espontaneas para los problemas, sienten inmensa necesidad de contacto con los demás, y disfrutan espontáneamente de sentirse libres de las rutinas y del papeleo, así como de la organización de los detalles y de programas rígidos de trabajo.

Por su afinidad al segundo grupo de estas condiciones definimos a una persona con trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Trastorno omnipresente entre los artistas y sus familias (3,4), productor de grandes y efímeros éxitos profesionales, y aparejador de grandes problemas sociales y económicos, como el alcoholismo y la drogadicción.

Como hemos venido viendo a lo largo de esta breve charla, el artista de la escena en su vida privada, forma parte de un heterogéneo grupo de personas a quienes llamamos población en riesgo de presentar alteraciones o enfermedades mentales. La frecuencia de éstas alteraciones es grande, sobre todo en lo que respecta a la presentación de enfermedades de tipo afectivo, psicóticas o no, como las depresiones o la enfermedad maníaco-depresiva. Asociadas a éstas vienen en alto porcentaje, las adicciones a drogas, alcohol y medicamentos. También son frecuentes los trastor¬nos por déficit de atención con o sin hiperactividad y finalmente el gran productor de enfermedades de la era moderna: el estrés.

No hay una Psiquiatría especial para los artistas de cualquier tipo. Tampoco hay tratamientos específicos ni especiales.

No hay enfermedades propias del artista.

Lo que sí hay es un riesgo aumentado de padecer ciertas enfermedades psiquiátricas, y/o alteraciones de la conducta y de la homeostasis, que se asocian al tipo de vida y a la herencia.


Bibliografía:
  1. American Psychiatric Press Textbook of Psychiatry. Editado por Robert E. Hales, Stuart C. Yudofsky, y John A. Talbott. 2ª ed. Washington, DC, American Psychiatric Press, 1994.
  2. Anouilh J. El Ensayo. 1950
  3. Biederman J, Faraone SV, Keenan K, Knee D, Tsuang MT. Fa¬mily-genetic and psychosocial risk factors in DSM-III attention deficit disorder. J Am Acad Child Adolesc Psychiat 29: 526-533; 1990.
  4. Cook EH, Stein MA, Krasowski MD, Cox NJ, Olkon DM, Kieffer JE, Leventhal BL. Association of attention-deficit disorder and the dopamine transporter gene. Am J Hum Genet 56:993-998. 1995
  5. Grotjahn M. Analytic psychotherapy with the elderly, I: sociological background of aging in America. Psychoanal Rev. 42: 419-427; 1955
  6. Maduro R. Artistic creativity and aging in India. Int J Aging Hum Dev. 5: 303-329; 1974
  7. Ostwald P. The “God of the Dance”: Treating Nijinsky’s Manic Excitement and Catatonia. Hospital & Community Psychiatry. 45: 981-985; 1994
  8. Schildkraut JJ, Hirshfeld AJ, Murphy JM. Mind and Mood in Modern Art, II: Depressive Disorders, Spirituality, and Early Deaths in the Abstract Expressionist Artists of the New York School. Am J Psychiatry.151:482-488; 1994
  9. Treatments of Psychiatric Disorders, 2nd Edition, Volumes 1 & 2. Gabbard GO, Editor-in-Chief. Washington, DC, American Psychiatric Press, 1995.
  10. Vallejo-Nájera JA. Locos Egregios. Mediciencia editora C.A. XV edición. Caracas, 1985
  11. Wilde O. La decadencia de la mentira. (Observaciones). Ensayos. Obras Completas. Recopilación y tradución de Julio Gómez de la Serna. Aguilar, S.A. de Ediciones. IV edición. Madrid, 1951

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